top of page
Search

No maquilles tu debilidad

Dios no sana versiones editadas

A veces llegamos delante del Señor como si fuéramos a subir una historia a Instagram: con filtro, buena luz y el ángulo correcto. Mostrando la mejor versión… y escondiendo lo que no nos gusta tanto.


Sin darnos cuenta, también aprendemos a maquillar la debilidad delante de Dios. A presentarnos fuertes, resueltas, espiritualmente firmes. Como si Él necesitara convencerse de algo. Como si no conociera ya cada grieta, cada trauma, cada dolor.


Desde que tengo uso de razón, “he podido con todo sola”. Eso decían.

“Qué independiente salió la nena”.

Y yo me lo creí.


Pero, cortesía de mis terapias con Lis, quien, sin saberlo, también me regaló el título de este escrito, entendí algo que por años no supe nombrar: que pedir ayuda no siempre fue una opción segura para mi niña. A tal nivel, que antes de llegar a kínder le quité sola las gomitas de asistencia de la bicicleta con las herramienta de mi papá. Aprendí a caminar antes de gatear. Sí, así como lo lees. No porque fuera una eminencia, sino porque muy temprano aprendí que resolver sola era la forma de sobrevivir. Aprendí a recibir un amor condicionado, a ganármelo portándome bien, sacando buenas notas o ayudando a resolver cosas para los más adultos.


Con el tiempo entendí que eso no era independencia; era autodefensa.


Crecí con miedo a pedir ayuda porque, cuando la pedí, no recibí la respuesta que esperaba de quien debía cuidarme. Así que aprendí a quedarme callada y a resolver como pudiera porque acercarme demasiado dolía.


Materialmente no me faltó nada, pero mi niña no recuerda haber tenido un lugar verdaderamente seguro a donde ir cuando lo necesitaba. Aunque mi abuelita siempre me consintió, no me sentía capaz contarle nada; hablar con alguien se había vuelto un riesgo cuando las experiencias anteriores no habían sido buenas al intentar comunicar mi necesidad.


Y no te cuento esto desde el rol de víctima, lo comparto desde la verdad. Porque si te pasó algo parecido, quiero que sepas algo: te entiendo, amiga. Aún vamos en camino, pero definitivamente es posible convertirnos en la adulta que nuestra niña necesitó y al fin poder decirle: “Tranquila, ahora yo te cuido.”


De adulta lo pude nombrar con más claridad: entendí que fui una niña solitaria, temerosa y que no se defendía, pero que mostraba todo lo contrario. Por ende, me convertí en una adulta que no sabe pedir ayuda, autoexigente, enojada, triste, sumamente terca, inflexible, controladora, distante y desconfiada… hasta del mismo Dios. Una adulta que pensaba que podía con todo y a la que incluso le costaba celebrar sus propios “logros”, porque al final… “era lo que correspondía”.


Hoy soy una persona a la que le cuestan los cambios (ahg… ¡y cómo me cuestan!), pero me adapto. No porque me guste, sino porque aprendí que adaptarse era sobrevivir; que hacer “las cosas bien” me garantizaba “paz”. Ya sabes… la ley del más fuerte. Aunque con los años he descubierto que esa ley cansa, hiere y, muchas veces, nos aleja de nosotras mismas.


Y ahí vamos… fuertes, preparadas, autosuficientes, sin deberle nada a nadie. Ni siquiera a Dios… o eso creemos.


La verdad es esta:

Dios no sana lo que maquillamos.

No restaura lo que escondemos.

No transforma versiones editadas.

No puede levantar una cabeza que no está agachada. Él no espera que lleguemos impecables; espera que lleguemos verdaderas. Porque una herida tapada no se cura.

Ahora bien, esto no es una exhortación a vivir por la vida como alma en pena, desconfiando de todo y de todos. No se trata de cerrarnos ni de aislarnos. Se trata de saber en quién confiar. Y eso solo se discierne con los ojos del espíritu, observando los frutos que hay en la vida del otro. No por lo que dice, sino por lo que produce. Y también, como suele decirme mi consejera, de reconocer que, aunque de pequeñas se suponía que nos cuidaran, hoy, como adultas, estamos aprendiendo a hacernos responsables de nuestro cuidado.


Hoy entiendo que mi “fortaleza” fue necesaria en su momento, pero no puede ser mi identidad eterna. Porque el mismo Dios que me enseñó a resistir, ahora me invita a descansar, a ser sostenida, a acercarme confiadamente al trono de la gracia. Como dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” No dice dignamente. No dice fortalecidas. Dice confiadamente.


Por favor, no maquilles tu debilidad. Por favor, no la disimules con espiritualidad bien hablada. No la escondas detrás de frases como “yo puedo sola”. El Señor no se impresiona con tu autosuficiencia, pero se mueve con tu honestidad.


Y quizá, solo quizá, la verdadera fe comienza el día que dejamos de aparentar fuerza y permitimos que el poder de Dios se perfeccione en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9). Y antes de culminar, quiero aclararte que en el griego original, la palabra que Pablo usa es teleítai, que viene de teleó. No significa “hacer perfecto” en el sentido de sin errores. Significa manifestarse plenamente.


Cuando Pablo dice “mi poder se perfecciona en la debilidad”, Dios no está diciendo: “Tu debilidad me ayuda a mejorar mi poder.” Amiga, estamos de acuerdo en que Dios no necesita perfeccionarse. Está diciendo: “Es en tu debilidad donde mi poder se deja ver sin interferencias.”


Pero eso solo ocurre cuando nos atrevemos a decir: “Aquí estoy, así como soy. Perdona el desastre y ayúdame a ponerlo en orden.” Porque la debilidad no es un obstáculo; es el espacio donde Él obra.


Y bueno, este escrito no termina aquí. Habrá una segunda parte, porque recientemente viví una de las terapias más retadoras, y hay mucho (muchísimo) que todavía necesitamos hablar, nombrar y sanar juntas.


Hasta aquí amiga, me voy a hacer un café… y el de hoy va bien cargado ☕✨

 
 
 

2 Comments

Rated 0 out of 5 stars.
No ratings yet

Add a rating
Guest
Dec 27, 2025
Rated 5 out of 5 stars.

“Tranquila, ahora yo te cuido” Mi niña Necesitaba leer esto! 😭

Like

Guest
Dec 27, 2025
Rated 5 out of 5 stars.

🥹

Like
Desde la raíz logo.png

Gracias por leer y ser parte de esta historia.

Aunque tu situación puede ser diferente a la mía, espero que éstas reflexiones te ayuden en tu proceso, y que podamos compartir  historias para aquellos que han transitado caminos similares.

Deja que las publicaciones lleguen a ti

Gracias

  • Instagram

Déjame saber lo que tienes en mente

Gracias por tu mensaje

  • Instagram
  • Facebook

© 2035 by Desde La Raíz Blog

bottom of page